Relato del libro Alma de Poeta

EL CABALLITO DE PALO

          Basado en el poema del mismo nombre y autor. Inspirado en las Leyendas de la Guerra Civil Española.

      Todos los días, los mismos rostros surcados de arrugas; los mismos ojos cansinos de mirada indiferente; la misma plaza; los mismos bancos; las mismas sombras de árboles centenarios obstruyendo la furia del sol implacable de mediodía; la misma amalgama de niños correteando bulliciosos, de mamás vigilantes haciendo calceta, de jóvenes parejas jugando al amor...

      - ¿Le apetece un cigarrillo?
      - No, aún no he tenido tiempo de aprender a fumar.
      - ¿Tan ocupado ha estado siempre?
      - ¡Bastante! Hace mucho tiempo que vago incansable por el mundo.
      - ¡Cómo todos!... A Los ancianos no nos dejan hacer otra cosa,
      - ¡Qué distinta era la plaza! - Suspiró con añoranza.
      - Debe llevar muchos años sin venir por aquí. Antaño, La estatua del educador no existía los bancos eran de madera y el piso de tierra.
      - Sí, han cambiado la horrible figura de piedra por el kiosco de la música, donde la Banda Municipal nos deleitaba a niños y mayores con sus conciertos dominicales.
      - ¡La nueva generación está loca!- Mientras hablaba rebuscaba repetidamente por todos sus bolsillos.
      - ¿Ha perdido algo?
      - Las cerillas, la bruja de mi nuera registra mis ropas cuando duermo y esconde las cerillas y el tabaco. Dice, que es malo para los bronquios... !No le dejan a uno morir en paz!... ¿No tendrá por casualidad?
      - ¡Puede ser! Guardo por aquí algunas cajas de mi colección; creo que están vacías pero, quién sabe?, a lo mejor hay suerte.- Saca un puñado de cajas antiquísimas y las abre despacio, una a una.
      - ¡Qué coincidencia!... ¡Tome!
      - Parecen piezas de museo. Desde cuándo las lleva ahí?
      - Las conservo desde los seis años.
      - Su colección ha llegado a intrigarme. Sin habérselo propuesto, ha destrozado en mil pedazos el monótono cotilleo cotidiano... ¿Me llamo Pedro, y usted?
      - Juanito.
      - !Ja, ja, ja,...! Perdone, no he podido evitar la carcajada. No deja de ser gracioso que a su edad utilice un diminutivo.
      - No tiene importancia, la edad de las personas no la marca una partida de nacimiento sino la fuerza interior que exterioriza el grado de vitalidad de cada uno... Seré eternamente niño.
      - Yo, aunque lo oculte por temor al ridículo, también añoro la niñez... Una tarde quedé solo en casa con la excusa de un intenso dolor de piernas. Por fin, pude realizar el sueño de jugar con el tren eléctrico de mi nieto pequeño. Absorto por el ir y venir del tren, perdí la noción del tiempo, hasta que una voz a mis espaldas hizo que volviera bruscamente a la realidad.
      - ¿Papá, no crees que eres demasiado mayor para estas cosas?
Avergonzado, sin poder articular palabra, escurrí el bulto hacia mi dormitorio.
      - Debió pasar un mal rato.
      - ¡Póngase en mi lugar!
      - Si le apetece puede venir a casa y pasar todo el día entre juguetes.
      - No sé si me dejarán. Dónde vive?
      - En el Caserón de la Colina.
      - Espéreme aquí esta tarde y le contestaré
      - Sí, seré puntual... ,!Hasta luego!
      Camina mas rápido de lo normal. El Caserón de la Colina. La frase martillea sus sienes y la película del recuerdo despierta implacable el pasado:
"¿Papá, para que coges la escopeta?... ¿Por qué lloras mamá? - En la calle el griterío es ensordecedor: ¡Ha estallado la guerra!... ¡Abajo el capital!... …
¡Mueran los terratenientes!... Corro tras papá... La masa enloquecida nos arrastra hasta la colina... Rodean el Caserón... Unos cuántos militares armados hasta los dientes, se adelantan del grupo; levantan los brazos en señal convenida y, al instante, un silencio sepulcral.. !Salgan todos!... Salen, el señor, la señora y los criados... ¡Ra, ta, ta, ta,...! Sonido de ráfagas de fusiles. Caen como muñecos rotos... Penetran enloquecidos en la mansión... Ya no veo nada... Huyó llorando histérico:
      - ¿Por qué?. ¿Por qué?. ¿Por qué?..."
Jadeante, se detiene ante el portal de su edificio. La voz de su nieto le retorna al presente.
      - Abuelo, estás bien?
      - Sí, no te asustes, sólo estaba descansando.
      - Subes conmigo?
      - ¡Bueno! ¡Espera un momento! ¿Me harías un favor?
      - ¡Sabes que sí!
      - ¿Aunque tengas que engañar a tus padres?
      - ¿Acaso te he fallado alguna vez? Desembucha lo que llevas dentro.
      - Quiero dormir fuera está noche.
      - ¡Difícil lo veo! Mi madre se pondrá hecha una fiera.
      - No será una aventurilla?
      - En cierta forma no vas descaminado. Pero no pienses mal, no hay faldas por medio.
      - ¿Y dónde encajo en este lío?
      - ¿Así que...de cesto de carrozas?
      - ¡De eso nada! Tú te largas con algún compañero y yo, a mi rollo.
      - ¡Menudas palabrejas utilizas cuando necesitas ligarme!... ¿Y cuál es tu rollo?
      - Es una historia de mi infancia que quedó incompleta y quiero saber el final. Hoy coincidí con un        anciano y no deseo rechazar su amable invitación.
      - Te explicas cómo un libro cerrado.
      - ¡Es un secreto!... Mañana, cuando vayas a recogerme a la plaza, prometo contarte hasta el ultimo detalle.! Será algo que recordarás toda la vida!
      - Me tienes intrigado. Dame un pequeño anticipo por la complicidad.
      - Está relacionado con la leyenda de la Casa de la Colina.
      - No me quedaré tranquilo, si no me presentas a ese enigmático personaje.
      - ¡De acuerdo!... Esta tarde a las cinco, acudiremos juntos a la cita. Prométeme que no mencionarás para nada el tema. - ¡Prometido!
      - Vamos, hoy llegamos tarde a comer.
      - Cuando no es uno es otro el que llega tarde. No tengo bastante con pasar toda la mañana en la cocina, sino que además hay que volver a calentar la comida... ¡Estoy harta de vosotros!
La familia alrededor de la mesa. El padre la bendice y los demás contestan mecánicamente, comiéndose las palabras para acabar antes.
      - Este guiso sabe a gloria, verdad abuelo?
      - Sí, tu madre es una excelente cocinera.
      - ¿Qué os traéis entre manos?... Vuestras adulaciones me dan que pensar.
- No es nada, mamá. Te pasas todo el día con la mosca detrás de la oreja.
      - ¡Síii, Síii!
      Finalizada la comida el abuelo se levanta.
      - ¡Voy al servicio!
      - Abra la ventana cuando termine que deja el cuarto de baño perdido de humo.
      - ¡Déjale en paz! - Gritó molesto el nieto y dirigiéndose a su padre, añadió.
- Quiero hablar contigo papá.
      - ¡Si yo sabía que había gato encerrado! - Exclamó la madre.
      - No seas tan mal pensada y deja que se explique el chico.
      - El abuelo desea visitar y pasar la noche junto a un amigo que está muy enfermo. Puedo acompañarle?
      - No tengo inconveniente. ¡Cuídalo!
      - Abuelo puedes salir, el campo está despejado aunque hay nubarrones maternales anunciando tormenta.
      - ¡Mírale!... Ahora no le dan Achaques.- Ironizó la madre.
      - ¿Quieres callar de una puñetera vez?
      - No te das cuenta que sólo se pone enfermo cuando le torcemos el gusto? !Hacen contigo lo que quieren porque eres un blandengue.
      - ¡Tocan retirada! Cómo mamá siga hablando, lo convence por agotamiento.
      - ¡Seguro, salgamos cuanto antes!.

      Las cinco; la plaza semivacía. Juanito les contempla sonriente.
      - ¡Buenas tardes!
      - ¡Buenas tardes, Pedro! ¿Tu nieto?
      - Si, por él he conseguido el permiso.
      - ¿Viene con nosotros?
      - No, se queda y mañana me recoge.
      - Rogué al abuelo que nos presentara. Creo que no hace falta, basta con mirarle a los ojos para confiar en usted.
      - ¡Chao!
      - Es sensible y espontáneo, dos cualidades escasas en los tiempos que corren.
      - Me agrada que piense así. Es el único que se ocupa de mi. El padre nunca tiene tiempo y la madre no oculta su aversión a todo lo que hago. Seguro que me odia por ser yo y no sus padres, el que convive con ellos... Padece el típico histerismo de toda mujer que ha quemado sus ilusiones de juventud entre cacharros de cocina, montones de ropa sucia y la incomunicación de cuatro paredes... No quería irme a vivir con ellos pero, al vender la casa y las tierras que poseía no me quedó mas remedio. En realidad, lo único que les importaba era el dinero de la venta... No me han llevado a una residencia de ancianos por temor al que dirán y a mi nieto, que ha amenazado con marcharse de casa... !No sé porque le cuento todo esto!
      - Todos necesitamos desahogarnos en algún momento. Es una forma de utilizar a los demás, sumiéndolos en un papel de interlocutores silenciosos de nuestro monólogo interior repetido en voz alta.
      - Prometo que pronto formaré parte de su monólogo.
      - ¡Eso espero!
      - Caminemos, estoy ansioso por llegar cuanto antes al Caserón.

      Poco a poco, quedaron atrás las estrechas callejuelas encaladas de blanco azulado, la extensa huerta del valle, la alameda del río, los barbechos rojizos,..
      - Siento una extraña sensación por el cuerpo, soy la primera persona del pueblo que pisa este sendero desde hace setenta años.
      - Conozco la leyenda formo parte de ella.
      - ¿Cómo consiguió escapar de aquel infierno?
      - ¡Más tarde lo comprenderá! - Respondió misterioso.

      - ¿Ve ese árbol?
      - ¿Cuál de ellos?
      - El que está junto a la valla.
      - Sí.
      - Muchas veces, amparado en la espesura de sus hojas, contemplaba los paseos que le daba el criado sobre el pony.
      - Cada uno envidia aquello que no posee. Yo, sin embargo, hubiera cambiado todo mi aparente bienestar por corretear un poquito con ustedes por el campo.
      - ¡Hemos llegado!
      - Pase, la puerta está abierta.
      - Por qué no nos tuteamos?
      - ¡Eso digo yo,! Hemos venido aquí a jugar dos amigos y los amigos no se hablan de usted...
      - ¿De acuerdo Pedro?
      - ¡De acuerdo! Pero no me llames Pedro, me agrada más Perico... ¡Menuda casa tienes!
      - ¿No la habías visto antes?
      - ¡Imposible! Tú criado me echa del jardín que me pone la mano encima.
      - ¡Es un latazo de viejo! No me deja tranquilo ni a sol ni a Sombra. Señorito por aquí, señorito por allá.
      - A mí me da terror. !Es tan serio!
      - ¡Andaá, que triciclo más grande! Es mejor que el que tenía el hijo del alcalde.
      - Súbete y yo empujo.
      - ¡Yupiii, qué divertido!
      - ¡Cuidado con el jarrón!
      - Lo he visto a tiempo. - ¡Pooom!
      - ¡Ja, ja, ja.. ! El jarrón sí pero la pared no... ¡Menudo chichón!
      - No te rías que duele mucho.
      - Ponte esta moneda y sujétala con el pañuelo para que no se caiga.
      - ¡Una perra gorda!
      - Cuando te la quites te quedas con ella.
      - ¡Es mucho dinero! La vez que más he tenido, fue en mi Primera Comunión y sólo junté nueve céntimos.
      - No seas tonto y guárdala, yo no la necesito porque me compran todo lo que quiero.
      - ¡Qué suerte tienes!
      - Con el pañuelo en la frente pareces un pirata.
      - Falta un parche en el ojo.
      - Ahora mismo traigo esparadrapo.
      - ¿Te parece bien así? Mírate en el espejo.
      - ¡Perfecto!... ¿Y la espada?
      - En ese cuarto encontraremos lo que haga falta.
      - Está espada me gusta... Casi me olvidaba, los piratas no llevan camisa.
      - Que te parece el traje de capitan español?
      - ¡Piratas a la vista!... Disparen cañones de proa... Preparados para la defensa, intentan a abordarnos.
      - ¡Al abordaje!
      - ¡Tuerto eres un cobarde! Es que tienes miedo de luchar, cuerpo a cuerpo, conmigo!
      - Perico el tuerto no le teme ni al mismísimo diablo.... ¡Quietos todos! Les haré pagar Cara su osadía.
Luchan.
      - ¡Desarmado pirata!
      - ¿No irás a matarme a sangre fría?
      - No mereces que te perdone la vida... ¿Juras por tu honor que no cometerás más pillerías?
      - El cura dice que jurar es pecado. ¿Tengo que hacerlo?
      - Por lo menos, eso hace el malo de las historias que me lee mamá todas las noches en la cama.
      - ¡Siendo así, lo juro!
      - Vamos a la cocina a celebrarlo.
      - !Cómo quieras!
      Saca del armario una caja de gaseosas "El Tigre" y dos vasos.
      -  Has echado el papelillo azul?
      - ¿Sí, me das el blanco?
      - ¡Toma! !Cuidado que sube muy rápida!
      - ¡Qué rica!
      - ¿Te gusta el chocolate?
      - ¡Hombreee, eso no se pregunta!
      - ¡Qué panzà nos hemos dado!... A qué jugamos ahora?
      - Podemos jugar a las hazañas bélicas.
      - Cómo en los tebeos?
      - ¡Igual, subamos a la buhardilla!

      La buhardilla estaba ocupada por ese conglomerado de trastos inútiles que tanto entretienen a los niños. Al fondo, en un lugar despejado, se encontraba su juguete preferido, un precioso caballito de palo con balancín.
      - Yo seré un soldado de caballería, - Dijo Juanito.
      - ¡Eso no vale! Siempre escoges lo mejor.
      - No te enfades, abre aquella caja y te llevarás una sorpresa.
      - ¡Un uniforme nuevo!
      - Sigue sacando.
      - Un casco... Una ametralladora... Un correaje con cartucheras y bombas de mano.
      - Vístete deprisa y cuando termines, sales fuera para intentar el asalto a esta posición defendida por la caballería.
      - Estás preparado?
      - ¡Síii!
      Comienza el ataque.
      - ¡Adelante mis valientes... !Ra, ta, ta,...! - ¡Juanitoooo!
      - ¿Qué quieres?
      - Se ha atascado la ametralladora.
      - Utiliza las bombas de mano, lanzándolas por el hueco de la puerta.- ¡Ahí llevas esa piña!
      "BOOOM"
      Perico asomó la cabeza, el pequeño esqueleto de un niño se balanceaba suavemente en el caballito chamuscado... Una dulce sonrisa iluminó su cara y depiositándolo tiernamente en el suelo, exclamó anhelante:
      - ¡Ahora me toca a mí!
      "Toc-toc, toc-toc, toc-toc,...".

      Érase una vez un caballito de palo;
      érase una vez un chiquillo jugando;
      érase una vez una máquina de guerra;
      érase una vez un caballito quemado;
      érase una vez...

      Todos los días los mismos rostros surcados de arrugas, los mismos ojos cansinos de mirada indiferente,... Y el mismo anciano cabalgando alegremente sobre un caballito de palo quemado.

   
  © J.L. Molina García

DIBUJO, FERNANDO BARRIONUEVO

Puede ser arte de interior