EL ERMITAÑO Y EL COLIBRÍ

Autora Marisa Ávila

       En las profundidades de un frondoso bosque vivía un anciano Ermitaño.
       Todos los días agradecía con sus oraciones a la Madre Tierra la vida que le había regalado. Sus temblorosas manos acariciaban las flores, a los árboles que como él permanecían erguidos a pesar de los años. Pisaba la hierba con delicadeza temiendo hacerle daño, los pajarillos ya le conocían y se posaban en sus hombros.
      ¡Cuánta felicidad albergaba en su corazón por tanta belleza que sus cansados ojos podían contemplar!

     Una noche, mientras dormía, sintió que algo rozaba su frente, despertó y sorprendido observó a un diminuto pajarillo que con su cabecita le transmitía:
      - Sígueme hasta el río, el fuego está quemando nuestro bosque.
      El ermitaño, apresurado, cogió un cubo y se dirigió hasta el agua junto al pequeño ser que también quería ayudar a extinguir el gran incendio.
      El pajarillo, no dejaba de revolotear, iba y venía sin parar.
El anciano cansado de tanto esfuerzo, tuvo que descansar, estaba agotado. Observaba perplejo a la avecilla que con tanto empeño succionaba el agua con su largo pico y la echaba al fuego.
      - ¿Cómo te llamas? - Le preguntó el viejo. - Soy un colibrí.
      - ¿Y tú solito quieres apagar este gran incendio? - Yo sólo contribuyo; el bosque es mi vida, le estoy muy agradecido, cuida a mis hermanos y me da cobijo. Ahora me toca a mí esparcir el agua en su cuerpo herido.
      El ermitaño comenzó a orar, su corazón tembló emocionado, las lágrimas brotaban sin cesar.
      El espíritu de la Tierra, escuchó su noble oración y llamó a las nubes, que apresuradas descargaron una gran tormenta sobre el bosque, apagando las infernales llamas que pretendían acabar con la existencia de miles de árboles e inocentes animalitos.
 
      El colibrí se acercó al ermitaño y le habló despacito:
      - Gracias a tu oración y a mi constante labor el fuego ha desaparecido!          ¡Esto sí que ha sido un verdadero milagro!   


          Reflexión:
      ¡Por insignificantes que sean nuestras acciones, unidas a otras, tienen el poder de salvar muchas vidas!