CUENTOS DE MARISA ÁVILA

                LA BELLEZA Y EL DESTINO - LAS GAFAS MÁGICAS 
De "Los Cuentos que no me Contaron"  

LA BELLEZA Y EL DESTINO

En una sucia charca vivía un triste sapo, pensaba que su vida carecía de sentido. Contemplaba su gordo cuerpo, ojos abultados y largas patas saltarinas, en el espejo del río.
- ¿Con esta grotesca figura quién se enamorará de mí?.
Por el azar del destino, una linda mariposa se cruzó en su camino. El frágil cuerpo se posó en su cabeza y le dijo:
- No te aflijas, amigo, ¡mírame! Soy un insecto muy hermoso; todos contemplan mis coloridas y frágiles alas, maravillándose por mi belleza.
- Me gustaría ser como tú. - Contestó el sapo. Volar en frondosos bosques y transformar mi grueso cuerpo en un delgado y mágico bailarín danzando al son del viento. Visitar a las flores impregnando de finos perfumes mi ponzoñosa realidad.
- No debes envidiarme, aunque no lo creas, corro muchos peligros huyendo de los depredadores, las llamas del fuego que arrasan los bosques, al insaciable coleccionista para no caer en sus redes y nunca más poder volar.
El sapo lloraba mientras su amiga le contaba su triste historia. Comprendió que la belleza es muy peligrosa y que él, a pesar de las aguas estancadas que habitaba, gozaba de libertad. Ningún coleccionista se fijaría en él, tampoco el fuego lo quemaría por la humedad de su charca. Su corazón rebosó de alegría, conoció la belleza, prefirió ser como era, no se quejaría más del destino que le había tocado vivir.

Reflexión: La belleza es un arma de doble filo con trampas en el camino. ¡Amaros tal cómo sois, olvidaros del espejo, de lo que digan los amigos y aceptar contentos lo que nos depare el destino!

© Marisa Ávila Segado.

LAS GAFAS MÁGICAS

Un simpático anciano andaba distraído por una estrecha calle donde había muchas tiendas de antigüedades. Sin saber por qué se detuvo frente al cristal de un escaparate, sintió una fuerte atracción y con su escasa visión vio unas gafas extrañas. Decidido entró en la tienda, preguntó el valor de las gafas y el dueño muy amable, le contestó que no tenían precio. El abuelo no comprendió lo que el hombre le decía y volvió a preguntarle que si eran muy caras no podía comprarlas.
- nadie preguntaba por ellas.-
Agradecido por el gran interés del anciano, complaciente se las regaló.
De regreso a casa ilusionado como un niño, abrió despacito el estuche y tembloroso se las colocó. Quedó impresionado había recuperado su vista, no lo podía creer, sus pequeños ojos se abrieron contemplando los vivos colores que le rodeaban. ¡Tanto tiempo sin poder apreciar la belleza! De repente, gracias a ellas pudo hacerlo. Por las noches dormía sin quitárselas. Éstas convertían sus sueños en mágicos colores.
Una noche llamaron a su puerta, era un pequeño niño, asustado le contó que se había escapado de una prisión de cristal y no sabía cómo regresar de nuevo a su casa situada en el Océano. El abuelo perplejo no daba crédito a lo que el pequeño contaba.
- ¿Cómo puede ser que tu casa esté en el océano? ¡Eso es imposible!
El niño con lágrimas en sus ojos, le cogió de la mano para que lo acompañara. El viejo, antes de cerrar la puerta, cogió sus gafas y al ponérselas, quedó boquiabierto. Lo que veía era un hermoso delfín que se escapó de un parque acuático.
- ¡Démonos prisa, mi tiempo se acaba, tengo que regresar con mi familia que tristes me esperan en mi verdadero hogar que es el Mar.
El abuelo, con buen cuidado, envolvió el cuerpo en una sábana mojada. Lo cogió entre sus brazos y en unos instantes volaron hasta el puerto. En una barca remó mar adentro.
El precioso delfín, lo guió hasta su manada. Agradecido le presentó a su abuela, madre y hermanos. ¡Qué mágico encuentro! Todos cantaban gozosos, recuperaron a su hijito secuestrado, gracias al abuelo y a sus mágicas gafas.
Reflexión: ¡Los delfines nacieron para ser libres y no para encarcelarlos en tanques de cristal en Aquarios y Parques Acuáticos. No son juguetes ni atracciones de feria de niños y mayores! Su hogar natural es la Mar.
c) Marisa Avila Segado.